Compartiendo Futuro

China hoy se empieza a tener en cuenta, se desliza entre nosotros con la sabiduría y habilidad del mítico dragón.

Un día partí con ilusión y recelo, aventurero de hoy en un mundo nuevo, a descubrir formas de vida y principios, filosofía y visiones, cultura, en definitiva, que ofrece riqueza y grandeza de siglos a un futuro que nos arrolla en silencio.

Sin darme cuenta me encontré con que las distancias se medían en días de viaje reposados en estrechas literas de autobús; donde las dimensiones empequeñecían a occidente; donde en cada casa se te ofrece algo en su pequeño comercio; donde el precio solo sirve para iniciar una relación en la que es difícil diferenciar entre la verdad y el valor; donde lo sencillo y el ingenio son los medios de vida; donde la mirada limpia y pura de un niño, por un sencillo caramelo, se llena de agradecimiento; donde uno se siente escudriñado y analizado por miradas de ojos sinceros; donde se respira ansia y ganas de volar en el firmamento para alcanzar ese cielo capitalista y consumista incapaz de satisfacer los sueños; donde aún se saborea, con olor a incienso, la calma y el silencio que hace revivir lo más profundo de nuestros sentimientos.

Es un mundo donde no hay horarios, donde el trabajo y el comercio no son obligación ni derecho, sino medio y modo de vida, intercambio de culturas, que posibilita el desarrollo de los pueblos.

China hoy se empieza a tener en cuenta, camina paso a paso, o mejor, se desliza entre nosotros con la sabiduría y habilidad del mítico dragón que, reafirmando su existencia, se entremezcla en silencio ampliando su propio imperio.

Lo mejor es aprender de ellos y reconocer que todo por lo que hemos luchado en occidente no siempre ha sido bueno, hemos conseguido derechos y calidad de vida a costa de la calidad de vida y los derechos de otros, y eso no es bueno, antes o después tenemos que pagar ese desajuste y esa injusticia. Y sin embargo no se quejan, nos miran y aprenden. Ese es su negocio, la lucha diaria por la vida, esa vida que, a veces, por derecho y sin esfuerzo, la creemos nuestra, como si solo para nosotros se hubiera hecho.

Por eso, por admirar a ese pueblo, yo soy de los que dice: sentémonos, aprendamos, vivamos y negociemos.

 

Comparte:

Ir al contenido