Creación de una empresa: posibilidades y dificultades

El proceso de creación de una empresa no puede tipificarse, ya que las causas de su constitución pueden tener múltiples orígenes.

El proceso de creación de una empresa no puede tipificarse, ya que las causas de su constitución pueden tener múltiples orígenes. En unos casos surgirán como consecuencia de la vida personal o experiencia propia de sus promotores: Se tratará de iniciar actividades económicas que tengan que ver con el trabajo, los hobbies y aficiones, los propios hábitos de consumo, etc. Esto lleva a que personas con experiencia laboral, que han sido trabajadores o directivos pretendan independizarse e iniciar su propio negocio.

En otros ha sido la posibilidad de repetir experiencias ajenas con cierto éxito: Nuevos negocios de moda en un momento determinado, fundamentalmente en épocas de expansión económica. Aprovechar una oportunidad de negocio, o bien patentar y rentabilizar una innovación tecnológica o un producto o servicio novedoso.

Además de éstas, otra razón para iniciar una nueva actividad económica, es la creación del propio puesto de trabajo del emprendedor, el autoempleo.

La evolución socioeconómica relacionada con la descentralización de las actividades productivas favorece la salida del mercado laboral de muchos trabajadores, mientras que otros cuentan con dificultades para su incorporación al mismo. Por uno u otro motivo, son muchas las personas que tienen la necesidad o la inquietud por crear su propio negocio, la mentalidad imperante en nuestra sociedad, aferrada a la espera de un contrato «para toda la vida», se encuentra en proceso de cambio.El hecho de crear una empresa, y en concreto una pequeña empresa, se ve acompañado de un alto grado de incertidumbre, tanto por la rapidez de los cambios que se producen en el entorno económico, como por la alta competencia existente en todos los sectores de actividad. Supone, por tanto, la asunción de un riesgo económico y de un gran esfuerzo personal por parte del promotor que inicia ese proyecto.

No basta simplemente con crear la empresa, sino que se trata de asegurar su viabilidad y su futuro, que, en definitiva, también será el del propio empresario. Para afianzar esa viabilidad deberá incidir en dos aspectos importantes: su proyecto y sus propias capacidades como emprendedor.

En el primer caso, tendrá que trabajar en la madurez de su “idea empresarial” y su desarrollo hasta llegar a definir su “Plan de Empresa”, No importa tanto la dimensión del negocio a abordar, sino poder dar respuesta a todos los interrogantes que se le plantearán en referencia a: su producto o servicio, mercado, recursos humanos y económicos necesarios.

Este Plan de Empresa puede ser además de un buen instrumento de planificación, una carta de presentación ante posibles socios o proveedores, Instituciones Financieras y la propia Administración. Este documento de trabajo deberá contener, información sobre cada una de las áreas de gestión: descripción de la empresa, negocio o iniciativa empresarial, descripción del producto o servicio, estudio del mercado, plan comercial y de marketing, descripción técnica, plan de compras, organización y recursos humanos, estructura legal, análisis económico-financiero.

En cuanto a las capacidades como emprendedor, toda persona que desee desarrollar y dirigir un proyecto empresarial deberá plantearse que va a iniciar un nuevo modo de trabajo en el que tendrá que asumir y afrontar riesgos, organizar y gestionar su negocio, coordinar equipos humanos, negociar, ser capaz de analizar la realidad que le rodea y sus necesidades… Todo ello exige una experiencia y preparación que no todo el mundo reúne, pero que puede conseguir con la formación en la adquisición de técnicas y habilidades directivas.

No se trata de que el empresario sea un especialista en todos los ámbitos que afectan a su empresa, aunque sí debe poseer una idea general de todos los aspectos que componen su negocio y una capacidad de análisis sobre sus deficiencias de gestión para poder solventarlas.

Una vez dimensionado el negocio, el inicio de la empresa supone un complicado proceso donde el promotor tiene que dividir su tiempo entre las actividades económicas, las institucionales con los trámites formales y las financieras.

Mientras se ocupa del elemento fundamental de su negocio, ésto es, buscar clientes potenciales, seleccionar los proveedores, las máquinas y utillaje, el local donde instalarse, tiene que dedicarse a toda la tramitación necesaria (elegir forma jurídica, estatutos, desembolso del capital, etc.) y a la negociación de la financiación ajena para poder desarrollar su plan de inversiones.

En esos momentos del comienzo de la actividad, las dificultades más importantes con las que pueden encontrarse son fundamentalmente de 3 tipos:

La débil formación empresarial para desarrollar los proyectos.

Las dificultades de las Pymes para conseguir los suficientes recursos financieros.

El difícil reto de encontrar mercado en el que implantar su actividad.

Estos problemas han quedado ratificados en estudios realizados sobre las causas del cese de la actividad empresarial, en los que aparecen en primer lugar las dificultades financieras, en segundo las de carácter comercial y marketing (incorrecta localización y dificultades de mercado), y en un tercer lugar las organizativas y de gestión.

El punto de vista de los promotores, a la hora de valorar los problemas de la creación de la empresa, presenta algunas divergencias. Resulta coincidente como problema principal el financiero, y como segundo las dificultades administrativas relacionadas con los trámites y gestiones burocráticos del alta de inicio de la actividad, no planteando como problema el riesgo y la capacidad gerencial. Sin embargo, se altera el orden cuando estos mismos promotores demandan como necesidad, su propia formación en todos los ámbitos de la gerencia de la empresa.

La generación de nuevas actividades económicas tanto por su creación de riqueza, como por su relevancia social, hace que las administraciones tomen parte en la promoción y apoyo a la creación de nuevas empresas.

Un ejemplo es el del Programa “Iniciativas de Emprendimiento y Autoempleo de Madrid, IDEAM, que la Consejería de Economía y Empleo de la Comunidad de Madrid a través del Instituto Madrileño de Desarrollo, IMADE viene desarrollando:
Asesoramiento y consultoría desde la generación de la “idea” hasta la diagnosis del primer año de funcionamiento de la empresa, análisis de la vialidad del Plan de Empresa, información de subvenciones y acceso a la financiación, formación empresarial en áreas específicas de gestión y en la adquisición de competencias empresariales.

La creación de una empresa, como hemos visto, es un proceso que desde el desarrollo de la idea hasta la puesta en marcha y su consolidación presenta muchas y diversas dificultades, pero a la vez supone una salida profesional y personal para los promotores, en muchos casos desempleados.

Nota: Información sobre el Programa “Iniciativas de Emprendimiento y Autoempleo de Madrid, IDEAM. Mercado Puerta de Toledo (Madrid). Tf: 91- 3540540.

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