EDITORIAL «¿CRISIS?»

Todo en la vida tiene un porque, a veces tan absurdo como “porque si”, pero la mayor parte de las ocasiones las cosas suceden porque previamente se han dado las circunstancias necesarios para llegar a un resultado. Cuando una sociedad se basa en apariencias, en hipocresía, en prejuicios, en falsedades, en conveniencias, en intereses, en anteponer lo particular a lo general, en la falta de objetividad en la toma de decisiones, cuando se suceden toda esta serie de situaciones el resultado nunca puede ser bueno y antes o después la “burbuja” explota.

Todo en la vida tiene un porque, a veces tan absurdo como “porque si”, pero la mayor parte de las ocasiones las cosas suceden porque previamente se han dado las circunstancias necesarios para llegar a un resultado.

Cuando una sociedad se basa en apariencias, en hipocresía, en prejuicios, en falsedades, en conveniencias, en intereses, en anteponer lo particular a lo general, en la falta de objetividad en la toma de decisiones, cuando se suceden toda esta serie de situaciones el resultado nunca puede ser bueno y antes o después la “burbuja” explota.

Cuando una sociedad premia la seriedad, el trabajo, el sacrificio, la profesionalidad. En ese caso todo está consolidado, las cosas están en su sitio y nada se soporta en vano.

Las empresas son el fiel reflejo de la sociedad.

La seriedad, el trabajo, el sacrificio, la austeridad, la profesionalidad, la planificación, la gestión controlada, el hacer las cosas saboreando el resultado, el anteponer la consecuencia al fin, el tener como valor el servicio al cliente, el primar la empresa antes que el negocio. Todo ello son los principios que se anteponen a la crisis y que la combaten.

La crisis es una realidad que afecta no solo a los que la provocan sino también a los que les rodean y no han previsto las consecuencias del negocio fácil o del negociante irresponsable, es un concepto que se traduce en una situación cargada de miedo que agarrota cualquier iniciativa.

Ahora nos animan y nos quieren convencer de que hay que recuperar la ilusión y vencer el miedo, de que confiemos y luchemos.

El empresario no necesita ánimos, no necesita consejos, no necesita impedimentos.

El empresario: la micro, la pequeña y la mediana empresa necesita apoyo, necesita que las leyes no le encorseten y no le cierren los caminos, necesita el amparo que evite los negociantes y los oportunistas, necesita la regulación de los mercados, necesita que se le valore y se le considere, necesita que se crea en él, necesita apoyo de la Administración, necesita seriedad y hacer las cosas bien.

Señores políticos, el empresario no quiere que le den dinero, faciliten los medios para desarrollar su actividad y eliminen los impedimentos burocráticos y partidistas que tanto perjudican el desarrollo empresarial.

Salir de la crisis es fácil, es querer. Seamos serios.

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