Evolución del Grupo JENASA en cifras

Desde la incorporación a la Unión Europea, España viene registrando una evolución económica positiva, superior a la media comunitaria tanto en términos de aumento del Producto Interior Bruto como de crecimiento del empleo, además de un progresivo acercamiento a los niveles de renta de los países más avanzados.

Desde la incorporación a la Unión Europea, España viene registrando una evolución económica positiva, superior a la media comunitaria tanto en términos de aumento del Producto Interior Bruto como de crecimiento del empleo, además de un progresivo acercamiento a los niveles de renta de los países más avanzados.

Hay muchos factores que, sin duda, justifican el prolongado ciclo expansivo de la economía española, entre ellos la reducción de los tipos de interés, que se sitúan actualmente en niveles similares a la inflación, es decir, a costo cero en términos reales, además de plazos más dilatados de amortización, a lo que cabe unir el efecto, también muy positivo, de la percepción de fondos estructurales de la Comunidad Europea.

Ello ha permitido, entre otros aspectos, impulsar la demanda agregada, mejorar las infraestructuras e incrementar el parque de viviendas. Pero esos efectos favorables tienden a desaparecer en el corto plazo, tanto por la práctica desaparición de los fondos comunitarios como por la intensificación de la competencia, aspecto este último en el que tiene una incidencia inevitable la eliminación de barreras arancelarias con países que pronto se integrarán plenamente en la Unión Europea, los cuales tienen menores costos de producción. A ello hay que añadir el efecto derivado del creciente comercio con economías emergentes, también con menores costes, como China.

En este contexto, el mantenimiento en nuestro país de importantes déficits estructurales, como el diferencial de inflación con los países más avanzados de la zona euro, o la débil tasa de avance de la productividad, van a incidir, sino se corrigen, en la pérdida de competitividad de nuestra economía, lo que ya se viene acusando por la creciente negatividad de la balanza comercial con el exterior.

Los empresarios no pueden permanecer impasibles ante esta situación. Es necesario poner en marcha acciones y diseñar estrategias que tengan en cuenta la evolución previsible de la economía, una vez agotados, prácticamente, los efectos favorables de nuestra incorporación al marco comunitario.

Qué duda cabe que la anunciada rebaja de la carga fiscal de las empresas y de las familias -aún no existen plazos concretos de ejecución para la reducción de los tipos impositivos del Impuesto sobre Sociedades y del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas- contribuirán a incentivar el gasto y la inversión productiva. Aún cuando ese efecto se retrase y pese a que se produzca un ligero repunte de los tipos de interés, lo que parece bastante probable, no cabe dilatar las decisiones a tomar y, entre ellas, la de dar un giro a la gestión empresarial, fijando entre los objetivos prioritarios una mayor prevalencia de la inversión, especialmente en proyectos que contribuyan a mejorar los niveles de productividad.

Y en ese esquema de inversión, la incorporación de nuevas tecnologías, o la actualización de las existentes, especialmente en las pequeñas y medianas empresas, constituye un camino obligado. La reciente normativa legal (Ley 23/2005, de 18 de noviembre) sobre incremento -pasa del 10 al 15%- del porcentaje de deducción en el Impuesto sobre Sociedades por inversiones realizadas en tecnologías del conocimiento y de la información, como Internet, para el acceso a esa red o para facilitar el comercio electrónico, se orientan en ese sentido, pero de poco servirían si falta conciencia de la situación de ralentización económica a la que posiblemente nos veremos abocados a medio plazo, y sino se aplican.

En definitiva, el proceso de globalización, que es imparable, obliga al mundo empresarial a apostar por la modernización de las estructuras, tanto productivas como comerciales, especialmente de las pymes, y, sobretodo, apostar por la innovación, con tecnologías propias o adquiridas, complementadas con la formación, siempre necesaria, para mejorar la productividad de los medios, con el fin de asegurar la competitividad, tanto para poder mantenerse en el mercado como para acceder a otras áreas de interés económico.

Juan Manuel Ferreras
Vocal Contador
Cámara Oficial de Comercio e Industria de Madrid

(*) Datos de GRUPO JENASA
y empresas asociadas

Comparte:

Ir al contenido