ME LO HA CONTADO UN CLIENTE
Homenaje al trabajo bien hecho
Hace unas semanas, con motivo de un acto institucional y de complemento formativo para Empresarios, de los que promueve y organiza JENASA, mientras intercambiaba palabras de saludo con unos cuantos Clientes y, naturalmente, amigos, al final de la Jornada, tuve ocasión de escuchar de D. Juan I. G., uno de los asistentes mas antiguos entre nosotros, palabras de encendido elogio al trabajo como guía de perfeccionamiento personal y material. Entendí en aquello una crítica muy positiva sobre el trabajo bien hecho y su consecuencia inseparable: el orgullo por la tarea.
He perdido la referencia temporal de la última ocasión en que mis oídos percibieron énfasis similares al respecto.
La crítica ensalzada de D. Juan se desprendía como corolario de una reseña realizada por alguno de los componentes de aquel círculo de tertulia improvisado, sobre una película en cartelera de estreno, por aquel entonces, y reflejaba la sensación que causó en nuestro amigo y su retorno, cuando menos mental, a aquella época y situación que tan bien definió nuestro insigne Juan Ramón Jimenez (si aquel de “Platero y yo”) cuando escribió: “Trabajo gustoso, respeto al trabajo gustoso, grado sumo de vida”.
La película en cuestión (buena, en mi humilde opinión, bastante buena, aunque no les escribo para abrir ninguna crítica cinematográfica) reflejaba magníficamente lo que queda de la vida, el resumen de su paso por ella, de un ciudadano medio americano, excombatiente (como una mayoría de ellos) y trabajador de una cadena de montaje en una fábrica de automóviles, al que sus hijos casi no ven, y a cuyos nietos casi no conoce, que acaba de enviudar.
Al protagonista le queda, y con rango de culto, una pieza de aquellos vehículos en cuyo montaje participó y que ahora le permite “admirar” su obra con un sentimiento de propiedad artesanal.
Este sentimiento causó en D. Juan un trance emotivo que le devolvió a una época desgraciadamente desaparecida unas décadas atrás, una época en la que el trabajo perfeccionaba tanto al sujeto como al objeto. Era el orgullo por el trabajo bien hecho.
No puedo omitir que todos los que estábamos en aquel círculo acudimos ese mismo fin de semana a ver la película. Todos suscribimos la misma admiración.
El orgullo por el trabajo bien hecho, ¡qué excelente legado de nuestro pasado!. ¿Existirá un testimonio mejor para nuestro futuro?.
El nombre real de nuestro protagonista no es Juan I. G., pero estoy seguro de que ya se lo habían imaginado.
Me lo ha contado un cliente.



