Con tanto radar es aconsejable desacelerar. Para evitar accidentes es conveniente controlar la velocidad. Pero, ¿acaso no nos han estado vendiendo durante décadas potencia en los motores e imágenes de superhombres y bellas mujeres junto a grandilocuentes coches?, ¿acaso no se nos ha estado invitando e incitando a correr y a ser los primeros? ¿Dónde están ahora esos galanes de fachada de porcelana con sus cigarrillos humeantes y de mirada triunfante?.
La cultura del pelotazo ha sido el catecismo de muchos que no creen en Dios, la admiración y la envidia de aquellos que añoran alcanzar una mejor posición. El ahorro ha sido mal visto porque había que vivir el presente, el trabajo y el sacrificio son términos en desuso que hay que evitar en lo posible, las responsabilidades y las obligaciones siempre son de otros que deben estar ahí para satisfacer nuestros gustos.
Y ahora, cuando nos dicen que estamos desacelerando, nos cambian el paso, y los desfiles de concursos previamente adjudicados se convierten en acreedores concursales buscando inmunidad y nuevos salvadores que refinancien sus desmanes.
Al menos seamos sinceros. Íbamos deprisa con un coche demasiado rápido y por una carretera con firme poco sólido y en mal estado. Al final el accidente estaba cantado.
Ahora es el tiempo de los que han sembrado seriedad, profesionalidad, de los que se han dedicado a consolidar, de los que se han preocupado, primero de asfaltar bien la carretera y, segundo, de adquirir el coche acorde con la velocidad que se puede alcanzar.
La pena es que en los accidentes de la vida no caen los que más corren sino los que reciben el golpe y por eso no sólo hay que ser prudentes sino estar atentos a que no nos arrollen los que tanta prisa tienen por llegar a esa meta que nunca van a alcanzar, porque la avaricia es como la zanahoria del burro, cuanto más corre más se aleja.
Suerte y cuidado con los frenazos.
Jesús Navarro Sánchez
DIRECTOR GERENTE



